La aplicación de la etnografía en arqueología marítima: caso de Taumako (polinesia).

Autora: Lorena Garcia Garcia.

La arqueología es la fuente principal para conocer la relación humana con el mar en contextos ágrafos. No obstante, no siempre se dispone de un registro suficiente que permita la reconstrucción fiable de ese pasado y es necesario recurrir a más disciplinas, como por ejemplo, la etnoarqueología. El propósito de este ensayo es identificar las ventajas y desventajas de la aplicación de la etnografía marítima, observando el ejemplo de la isla de Taumako (Polinesia).

Isla de Taumako.

Isla de Taumako.

[Definición.-] En primer lugar, conviene explicar “qué es qué” para establecer el marco teórico. La etnoarqueología es una herramienta que permite reconstruir el folklore y las tradiciones de sociedades pasadas a través de sus manifestaciones materiales; es decir, pretende extraer de una realidad tangible (los artefactos), la realidad intangible que los concibe-diseña-construye (la mentalidad). Más problemático es el planteamiento de ¿qué es la etnoarqueología marítima?, pero, obviando la discusión sobre qué es “lo marítimo” de una cultura, se entiende que la etnoarqueología marítima simplemente se concentra en estas manifestaciones de la sociedad. El propósito entonces de esta disciplina es crear analogías entre las culturas marítimas contemporáneas y el registro arqueológico del pasado (Blue, 2003: 334).

[desarrollo científico.-] En la etnoarqueología convergen la Antropología y la Arqueología, gracias al desarrollo académico de ambas en la década de 1960. La relación entre estas disciplinas comenzó cuando Binford plantea su “Teoría del alcance medio”, que sostiene que las interpretaciones arqueológicas deben ser la clave entre los procesos dinámicos del pasado y la evidencia estática del presente, por lo tanto, el mejor sistema para comprobar la autenticidad de una hipótesis es comparándola con una cultura equivalente contemporánea, o en palabras de Gosden: ‘entender el pasado a través de la analogía con el presente’ (1999: 20). Similarmente, vinculado a esta colaboración interdisciplinar, surge la etnohistoria o etnología histórica, cuyo matiz es que en lugar de utilizar materiales “silenciosos”, o sea artefactos, utilizan materiales “habladores”, o sea documentos escritos; es decir, tanto la etnoarqueología, como la etnohistoria trabajan con ‘cultura y pasado’ (Spores, 1980: 578), con el propósito de describir, interpretar y reconstruir las sociedades antiguas: ‘El estudio de la evolución social … funciona mejor cuando los estudios sobre las sociedades vivas y las fósiles colaboran” (Marcus, 2008: 254). La aplicación práctica actual de la etnoarqueología es la arqueología experimental que persigue recrear las técnicas utilizadas en el pasado para deducir las funciones que cumplirían en aquellos sistemas culturales (Gazzán & Martín Dabezies, 2008: 230).

[método.-] Como ya se ha mencionado anteriormente, la etnoarqueología consiste en establecer analogías entre las culturas del pasado y sus equivalentes en el presente (Spores, 1980: 578; Flannery, 2006: 9). La efectividad de este método se construye sobre la asunción fundamental de que los casos comparados se encuentren en la misma etapa desarrollo, para aislar los indicadores que caracterizan ese “momento cultural”. Sin embargo, hay quién duda de la precisión de las interpretaciones derivadas de una

Pueblo de Ngauta, Taumako.

Pueblo de Ngauta, Taumako.

investigación etnoarqueológica: el problema es la construcción simbólica que envuelve a los artefactos, porque existe el riesgo de que el propio contexto cultural de los investigadores influya en la investigación (Peirano, 1998: 110). En principio, la combinación es productiva en tanto que la etnología proporciona ‘pistas … sobre cómo visualizar las culturas del pasado’ (Blue, 2003: 344). Con respecto a establecer comparaciones, la garantía de éxito es menor: se asume que dos sociedades con características similares, experimentarán el mismo desarrollo cultural. El método etnoarqueológico de analogías o comparaciones es válido en tanto se utilice para reforzar una hipótesis arqueológica, no para demostrarla.

Ahora bien, concentrándose en el tema marítimo, un informe etnoarqueológico válido, comenta McGrail, debería incluir tanto una descripción técnica de su cultura material, prioritariamente embarcaciones, así como del factor “extra-técnico” (no técnico) que la influye (1984: 149-150). La etnología, en general, serviría para encontrar una definición satisfactoria a la “cultura marítima”, es decir, determinar cuándo una cultura es considerada “marítima” (Westerdahl, 1994: 265). Además, la arqueología interpreta las embarcaciones como instrumentos con los que enfrentarse al medio, pero, como bien apunta Adams, también revelan implicaciones sociales (2001: 300), que se pierden con la cultura y la arqueología no está capacitada para investigarlas. Por lo tanto, contrastando las concepciones ideológicas de culturas actuales con las manifestaciones materiales de culturas pasadas, se alcanzaría una reconstrucción más fiable de las sociedades antiguas.

[Case studu: Taumako, Islas Salomón, Polinesia.-] El ejemplo escogido combina enfoques etnográficos y etnohistóricos hacia la misma evidencia: primero, el Proyecto Vaka Taumako desarrollado por George sobre las embarcaciones tradicionales; y luego, la investigación histórica por Luque Talaván y Mondragón sobre las fuentes documentales.

Etnografía: Proyecto Vaka Taumako (una canoa para Taumako).

En la década de 1960, cambia el gobierno de Taumako, por un sistema que, entre otros, les obliga a perder algunos de sus productos tradicionales. Es por esto que el Dr. Mimi George diseña el proyecto para recuperar la navegación tradicional de los taumakeños, principalmente enfocada al rescate de la canoa de Lata o te puke. En 1970 se le regala

te puke, Taumako.

te puke, Taumako.

una te puke nueva al Duque de Edimburgo en visita oficial a las islas Salomón, pero no será hasta diez años después que se plantea el primer experimento de navegación tradicional para el Festival de Artes del Pacífico; no obstante, el gobierno requisó la embarcación alegando su custodia por motivos de conservación y la canoa desapareció. Así se inspira George para plantear un proyecto de recuperación de la te puke en la que se involucra a toda la comunidad.

La te puke presenta un casco redondeado, que se sumerge casi por completo cuando navega y la tripulación aguanta en uno de sus dos patines, dependiendo de las condiciones del mar (Feinberg & George, 2007: 2-3) e impulsado por una vela triangular, similar a las de las embarcaciones tradicionales de Tahití y Hawai. También conviene mencionar que la concepción del paisaje de los habitantes, igual que la de la mayoría de polinesios, difiere de la de los investigadores: los locales entienden que Taumako está integrada en una red entre Melanesia-Polinesia_micronesia, que no es realmente geográfica, sino más bien, cultural y económica, es decir, en verdad, no son conscientes de la posición de la isla dentro del Pacífico. La navegación, por tanto, no depende de instrumentos y representaciones, sino de las corrientes y las observaciones del sol y las estrellas.

En síntesis, el valor de la investigación de George se mide en términos de supervivencia

Navegación a bordo de un te puke tradicional.

Navegación a bordo de un te puke tradicional.

cultural. Al principio del proyecto, aún había en la isla algunos constructores de te puke de 70 años y mayores, incapaces de escribir sus conocimientos para que les sobrevivieran; así se justifica que la inspiración fundamental de esta investigación es tanto evitar la extinción de la embarcación tangible, como de su conocimiento e implicaciones conceptuales intangibles, como su técnica de navegación. En conclusión, el estudio etnográfico sobre la te puke ha permitido conocer aspectos culturales más allá de la embarcación exclusivamente, que no habrían sido reconstruidos de otra manera.

Etnohistoria.

Las primeras exploraciones del Pacífico son un “monopolio ibérico”, no únicamente por la mera aventura, sino además, por abrir nuevos mercados y la sempiterna competición por el poder marítimo. Las islas Salomón son exploradas por primera vez por el Virrey de Perú, Álvaro de Mendaña (dos expediciones 1567 y 1595), pero para tratar este tema, es más significativa, tanto por su documentación, como por mi interés personal, la expedición de Pedro Fernández de Quirós (1606).

El primer viaje de Fernández de Quirós al Pacífico Sur fue, precisamente con la expedición de Mendaña y luego, se le encomienda la expedición en busca de la “Terra Australis”, de la que se le reconoce como el primer europeo en alcanzar las islas Vanuatu (que él denominó “Austrialia del Espíritu Santo). Mención aparte merece su diario, que es

Pedro Fernández de Quirós.

Pedro Fernández de Quirós.

la fuente histórica por excelencia para reconstruir, no sólo las comunidades de Vanuatu, sino el contexto de las exploraciones de los siglos XVI y XVII. El documento relevante, sin embargo, en el caso concreto de Taumako, es de Diego de Prado y Tovar, un ingeniero militar involucrado en la expedición Quirós.

Las embarcaciones que Prado y Tovar describe con detalle excepcional son muy diferentes del te puke: tan sólo características del casco y la vela, se consideran en la crónica histórica. El casco se construye con dos troncos gruesos y se les equipa con sendas velas ‘cada una de las cuales demanda tanta vela como una de nuestras embarcaciones (Luque Talaván & Mondragón, 2008: 16). La representación de Prado y Tovar sería más grande que la te puke y más parecida a las kalia y tongiaki, embarcaciones tradicionales de la isla de Tonga.

La importancia del diario de Prado y Tovar es histórico, en tanto que sirve para reconstruir el contexto de los “descubrimientos” del siglo XVII y las limitaciones de sus testimonios. La documentación fue redactada por exploradores europeos cuya misión era conquistar y evangelizar; por lo tanto, están influenciados en este respecto, sean ofensivos o no. La descripción de una embarcación es bastante objetiva, en principio, no debería estar condicionada por la ideología del observador, pero y así se demuestra en este caso, se cometen errores en las medidas o incluso en la localización de las islas.

En el futuro, el estudio iniciado por Luque Talaván y Mondragón debería orientarse hacia encontrar el punto en el que se evoluciona de Tonga a Taumako, es decir, cuándo y cómo se produce ese flujo cultural y tecnológico, si es que se produce. Asimismo, hay que reconocerles su demostración la conexión entre las islas Vanuatu (Tonga) y las Salomón (Taumako), que reflejan esos intercambios inter-isleños en polinesia. En conclusión, se necesita más investigación etnográfica y etnoarqueológica en el área Pacífica para contrastar con los documentos históricos.

[Conclusión.-] La etnología, la arqueología, la etnoarqueología … este ensayo plantea la información básica y los beneficios de su aplicación sobre el patrimonio marítimo. La contribución etnológica a la arqueología consiste en aprender cómo una sociedad actual utiliza artefactos similares a los de sociedades pasadas: no son argumentos, sino pruebas para reforzar una hipótesis. En el contexto marítimo, ¿cómo definen los antropólogos o los arqueólogos “lo marítimo” de una cultura considerada “marítima”? al no convenirse una respuesta, existen multitud de opciones de qué debería considerarse marítimo y que no; no obstante, en este ensayo se ha intentado plantear la idea de que, partiendo de un artefacto indudablemente marítimo, se pueden derivar concepciones culturales. Finalmente, en lugar de buscar la limitación de las disciplinas, sería más conveniente practicar la colaboración entre ellas para lograr una reconstrucción lo más precisa posible del pasado: la etnoarqueología perseguiría “traducir el pasado al presente”.

Referencias.

Adams, J., 2001, “Ships and boats as archaeological source material” in World archaeology, vol. 32 (3), pp. 292 – 310.

Binford, L., 1962, “Archaeology as anthropology” in American antiquity, vol. 28 (2), pp. 217 – 225.

Blue, L., 2003, “Maritime ethnography: the reality of analogy” in International symposium on boats and ship archaeology (9th : 2000 : Venice : Italy), 2003, Boats, ships and shipyards: proceedings of the Ninth Symposium on Boat and Ship Archaeology, Venice 2000, pp. 334 – 338.

Cederlunf, C. O., 1995, “Marine archaeology in society and science” in International Journal of Nautical Archaeology, vol. 24 (1), pp. 9 – 13.

Feinberg, R. & George, M., 2007, “Seafaring in the Polynesian outliers” in Selin, H. (ed.), 2007, Encyclopedia of the history of science, technology, and medicine in Non – Western cultures.

Flannery, K., 2006, “On the resilience of anthropological archaeology” in Annual Review of Anthropology, vol. 35, pp. 1 – 13.

Flatman, J., 2003, “Cultural biographies, cognitive landscapes and dirty old bits of boat: ‘theory’ in maritime archaeology” in International Journal of Nautical Archaeology, vol. 32 (2), pp. 143 – 157.

Gazaán, N & Martín Dabezies, J., 2008, “Etnoarqueología en los tiempos que corren” in Actas de la I jornada de jóvenes en investigación arqueológica: diálogo con la cultura material, pp. 229 – 236.

Gosden, C., 1999, Anthropology and archaeology: a changing relationship.

Hodder, I., 1982, Symbols in action. Ethnoarchaeological studies of material culture.

Hunter, J. R., “‘Maritime culture’: notes from the land” in International Journal of Nautical Archaeology, vol. 23 (4), pp. 261 – 264.

Johnson, M., 2000, Archaeological theory: an introduction.

¡ in di Piazza, A., 2008, Canoes of the “Grand Ocean”, pp. 9 – 20.

Marcus, J., 2008, “The archaeological evidence for social evolution” in Annual Review of Anthropology, vol. 37, pp. 251 – 266.

McGrail, S., 1984, “Boats, ethnography and maritime archaeology” in International Journal of Nautical Archaeology, 13, pp. 149 – 150.

Moya Maleno, P. R., 2008, “Etnografía y etnohistoria apliacadas a la Hispania céltica” in Actas de la I jornada de jóvenes en investigación arqueológica: diálogo con la cultura material, pp. 215 – 222.

Peirano, M. G. S., 1998, “When anthropology is at home: the different contexts of a single dicipline” in Annual Review of Anthropology, vol. 27, pp. 105 – 128.

Pfaffenberger, B., 1992, “Social Anthropology of Technology” in Annual Review of Anthropology, vol. 21, pp. 491 – 516.

Peregrine, P. N., 2001, “Cross – cultural comparative approaches in archaeology” in Annual Review of Anthropology, vol. 30, pp. 1 – 18.

Roscoe, P., 2002, “Culture” in Feinman, G. M. & Terrel, J. E. & Hart, J. P., 2002, Darwin and archaeology, pp. 107 – 124.

Spores, R., 1980, “New world ethnohistory and archaeology, 1970 – 1980” in Annual Reviews

of Anthropology, vol. 9, pp. 575 – 603.

Westerdahl, C., 1994, “Maritime cultures and ship types: brief comments on the significance of maritime archaeology” in International Journal of Nautical Archaeology, vol. 23 (4), pp. 265 – 270.

Internet.

Google Earth.

http://maps.google.es/

www.pacifictraditions.org/vaka/ [Vaka Taumako Project].

www.princeton.edu

http://www.tongaturismo.inf

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Los Hititas a través de su código de leyes.

En este post os traemos una nueva colaboración, un trabajo realizado por Jose María Soto Aboal y un servidor, Israel González, sobre los Hititas, en el que mediante el estudio del código de leyes hitita analizamos la sociedad, economía y religión hitita en la medida que este código nos lo permite, su interés radica en que sobre este tema apenas si hay publicaciones en nuestro idioma, la hititología es un campo prácticamente francés, amén de ser una civilización descubierta muy tardíamente pese a su importancia por ello están todavía por analizar. Una de sus grandezas radica en que es el primer código de leyes no basado en la ley del Talión que se conserva, a pesar de la imagen de bárbaros que de los hititas nos trasmitían los egipcios y otros pueblos que estuvieron en contacto con ellos. Se adjuntan en el mismo trabajo el propio código, el código asirio a modo de comparación y un pequeño esquema anular que analiza el texto y los trucos memotécnicos que encierra. Código Hitita

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El Mar en la Antigua Grecia: eterna dualidad.

Damos esta vez un salto hacia atrás en el tiempo, hasta el Próximo Oriente del siglo V a.C., para situarnos en la guerra civil que hubo en el Imperio Persa tras la muerte de Dario II, y que enfrentó a sus hijos Artejerjes III y Ciro el joven por el trono.

Ciro contrató entre sus tropas a unos cuantos miles de griegos entre los que se encontraba Jenofonte, historiador militar y filósofo griego, que narró esta expedición en su obra llamada Anábasis. Ciro fue derrotado y los mercenarios griegos que sobrevivieron tenían una difícil tarea, pues no sólo habían de cruzar un país extranjero tras otro, sino que este les era hostil, ya que pertenecían al bando perdedor.

El hecho en el que nos queremos detener es el que se narra el el Libro IV, 7-21-27, en el que los griegos, ya en Asia Menor ven el mar. Y todos envueltos en júbilo comienzan a gritar y festejar, pues sabían que pronto estarían en casa.

Y enseguida, oyeron que los soldados gritaban: ¡El mar!, ¡el mar! y que se transmitían el grito de boca en boca. Entonces todos subieron corriendo; retaguardia, acémilas y caballos vivamente.”

La cuestión es lo contradictorio que suena el combinar el mar y la alegría en esta etapa tan tempranas, pues si bien los griegos han pasado a la historia como una nación marinera, el amr para ellos siguió siempre significando la muerte y lo desconocido, no debió de ser pequeño el porcentaje de expediciones que jamás regresaron. De esta dualidad en cuanto al mar como generador de riquezas, punto de conexión, vía de escape y salvación pero a la vez lugar tenebroso, de muerte, de olvido, de pérdida etcétera, dan buena cuenta los poetas, los tratadistas, la mitología, así como los propios historiadores, filósofos y demás intelectuales de la época, y sin duda uno de los que acompaña al mar con adjetivos y connotaciones más negativas es Hesiódo, que prácticamente pone a la navegación y, al comercio como sinónimos de todo lo malo de la sociedad.

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Jenofonte, Anábasis.

Os traemos la historia completa de la llamada “Expedición de los diez mil” de Jenofonte, que narra las aventuras de un grupo de mercenarios griegos que queda aislado tras una batalla en el interior del Imperio Persa en el siglo V a.C.

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Las naves perdidas.

Aquí se adjuntan un mágnifico trabajo de mi compañero y amigo Sergio Yago Soriano sobre las naves pérdidas en el Caribe en los siglos XVI y XVII, un tema apasionante tratado con el rigor que le es habitual, y de paso inauguramos nueva sección en la que colaboraremos con varios jóvenes historiadores para ir subiendo sus trabajos, artículos y escritos.  A continuación se adjuntan también dos resúmenes, el primero más corto y el segundo algo más largo del propio trabajo. resumen 1 resumen 2 las naves perdidas.

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Las Guerras Púnicas en el mar: Comienzan las hostilidades.

Mediterranean Sea at 261 b.C.

Se muestra el avance romano(en rojo) por Sicilia, así como la extensión del imperio cartaginés(azul verdoso) y las posesiones de las colonias griegas(amarillo).

Las hostilidades entre Roma y Cartago en esta denominada Primera Guerra Púnica, comenzaron a raíz de la petición de ayuda que los mamertinos hicieron a Roma en el 264 a.C., éstos eran mercenarios que los siracusanos habían contratado para contrarrestar a los púnicos en la isla, y ahora el tirano de Siracusa Hierón II quería librarse de ellos, establecidos en la ciudad de Mesina, ahora asediada por las fuerzas siracusanas. Este confuso episodio en el que las alianzas entre las tres potencias enfrentadas, Roma, Cartago y Siracusa van cambiando sus alianzas bajo distintos pretextos es el marco en el que se desarrolla este primer capítulo de las Guerras Púnicas, que durarían más de cien años en total. Roma, bajo el pretexto de ayudar a los mamertinos, envía sus legiones comandadas por el cónsul Apio Claudio a Sicilia, era la primera vez que las tropas romanas se aventuraban en el mar.

Con Siracusa rendida y aliada de Roma, en el 262 a.C. Agrigento, una de las ciudades y puertos más importantes de isla en manos púnicas había sido sitiado y tomado desde tierra por las tropas romanas, Galley with corvuspero a pesar de los duros combates en Lilibeo, principal núcleo púnico de la isla, la ciudad conseguía resistir gracias al apoyo de la flota cartaginesa,esto lleva al senado romano a plantearse reforzar su flota, no sólo para expulsar a los púnicos de Sicilia, sino para saltar más tarde hacia África.

El problema era que no tenían ni los conocimientos sobre construcción ni sobre navegación, y menos frente Attack system with corvus.a los aguerridos marineros cartagineses que además poseían la mayor y mejor flota del Mediterráneo, a todo ello se sumaba que los ingresos del Estado Romano eran muy pequeños para llevar a cabo tan costosa empresa. Aún así contrataron piratas y navegantes griegos para entrenar a sus marineros y construir su flota, pero plantearon una táctica de combate distinta para aprovechar su mejor arma, los legionarios, en lugar de construir barcos para embestir o para disparar con artefactos construyeron barcos para abordar y aprovechar la potencia de sus legiones en tierra también en el mar , este sistema era el corvus o cuervo en castellano del cuál Polibio nos dice lo siguiente:

Sin duda al ver sus navíos de una construcción
tosca y de lentos movimientos, les sugirió alguno el
invento para la batalla, que después se llamó cuervo;
cuyo sistema era de esta manera: se ponía sobre la
proa del navío una viga redonda, cuatro varas de
larga y tres palmos de diámetro de ancha; en el extremo
superior tenía una polea, y alrededor estaba
clavada una escalera de tablas atravesadas, cuatro
pies de ancha y seis varas de larga. El agujero del
entablado era oblongo y rodeaba la viga desde las
dos primeras varas de la escalera. A lo largo de los
dos costados tenía una baranda que llegaba hasta las
rodillas, y en su extremo una especie de pilón de
hierro que remataba en punta, de donde pendía una
argolla; de suerte que toda ella se asemejaba a las
máquinas con que se muele la harina. De esta argolla
pendía una maroma, con la cual, levantando los
cuervos por medio de la polea que estaba en la viga,
los dejaban caer en los embestimientos de los navíos
sobre la cubierta de la nave contraria, unas veces
sobre la proa, otras haciendo un círculo sobre los
costados, según los diferentes encuentros. Cuando
los cuervos, clavados en las tablas de las cubiertas,
cogían algún navío, si los costados se llegaban a
unir uno con otro, le abordaban por todas partes;
pero si lo aferraban por la proa, saltaban en él de dos
en dos por la misma máquina. Los primeros de éstos
se defendían con sus escudos de los golpes que venían
directos, y los segundos, poniendo sus rodelas
sobre la baranda, prevenían los costados de los oblicuos.
De este modo dispuestos, no esperaban más
que la ocasión de combatir.”
Polibio “Historias: Libro I, Capítulo VI”.

Ahora los romanos poseían no sólo los medios sino también la táctica para poder enfrentarse a Cartago en el mar…

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Avieno. “Ora Marítima”.

La Ora Marítima es un periplo que describe las costas de la Hispania Prerromana, escrita por Rufo festo Avieno en el siglo IV a.C., basándose probablemente en obras más antiguas que podían remontarse al siglo VI a.C.

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